Llevaba una larga gabardina negra y caminaba con las manos en los bolsillos y la cabeza baja. Era el 7 de marzo de 2009, un día duro para los socialistas y un día demasiadas veces repetido en el tiempo. LLovía en Arrasate-Mondragón y como en muchos pueblos de Euskadi, muchas persianas, a las 12 en punto, estaban bajadas. Ese era el día y la hora elegidos por los hombres y mujeres del partido para acompañar a la familia de Isaías Carrasco en el primer aniversario de su asesinato. Eduardo conocía ya esas sensaciones y por supuesto no era la primera vez que sentía ese extraño y húmedo frío adherido a los huesos. No era la primera vez que acudía a este tipo de homenajes y su rostro serio reflejaba su temor a que no fuera el último. Tiene sólo 33 años pero ya tiene dos vidas. Antes y después del 19 de febrero de 2002. Lejos de quedarse anclado en aquella fecha en la que ETA intentó matarle, decidió iniciar una vida marcada por la política y se alejó lo que pudo de la condición de víctima. Su triunfo habría llegado antes o después, porque tiene cualidades innatas. Viajó a Bruselas. Y regresó a su nueva vida. Desde aquel día peleó por crecer. Desde aquel día leyó todo lo que pasaba por sus manos y se entregó a su otra pasión, al margen de la política, la música.miércoles 15 de abril de 2009
Eduardo Madina
Lo firma:
Eto Demerzel
Llevaba una larga gabardina negra y caminaba con las manos en los bolsillos y la cabeza baja. Era el 7 de marzo de 2009, un día duro para los socialistas y un día demasiadas veces repetido en el tiempo. LLovía en Arrasate-Mondragón y como en muchos pueblos de Euskadi, muchas persianas, a las 12 en punto, estaban bajadas. Ese era el día y la hora elegidos por los hombres y mujeres del partido para acompañar a la familia de Isaías Carrasco en el primer aniversario de su asesinato. Eduardo conocía ya esas sensaciones y por supuesto no era la primera vez que sentía ese extraño y húmedo frío adherido a los huesos. No era la primera vez que acudía a este tipo de homenajes y su rostro serio reflejaba su temor a que no fuera el último. Tiene sólo 33 años pero ya tiene dos vidas. Antes y después del 19 de febrero de 2002. Lejos de quedarse anclado en aquella fecha en la que ETA intentó matarle, decidió iniciar una vida marcada por la política y se alejó lo que pudo de la condición de víctima. Su triunfo habría llegado antes o después, porque tiene cualidades innatas. Viajó a Bruselas. Y regresó a su nueva vida. Desde aquel día peleó por crecer. Desde aquel día leyó todo lo que pasaba por sus manos y se entregó a su otra pasión, al margen de la política, la música.
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