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lunes 16 de enero de 2012

La política no es una profesión




De las enmiendas presentadas por los afiliados socialistas que se agrupan en torno a la plataforma "Mucho PSOE por hacer en Palencia" hay muchas que me llaman la atención, pero sobre todo una en particular ha conseguido sacarme un sonrisa. Es un gesto con el que mi conciencia decía, "ya era hora". Se trata de un texto que resume lo que ha sido una de las lacras de la política, y sobre todo para la izquierda y el PSOE, durante los últimos años. La enmienda trata de frenar la política profesional, no permitiendo que ningún afiliado del Partido Socialista tenga un cargo público sin haber pasado antes por la vida laboral. Y dirán ustedes, ¿Y esto hacía falta decirlo? Pues parece que sí. Porque la gente, que es muy sabia, no perdona en la izquierda actitudes que considera propias de la derecha. Nuestros votantes se han cansado de ver como tras procesos tediosos, en los que cada día participan menos afiliados, al final personas sin un trabajo conocido se hacían con cargos públicos que llevan aparejada una remuneración de varios miles de euros. Y ha tenido que ser esa parte de la sociedad que representa "Mucho PSOE por hacer en Palencia" la que diga basta, y ponga por escrito lo que todos pensamos: que nadie puede defender a los trabajadores, sin haber trabajado antes. Copón. Miren que es una perogrullada, pero con el tiempo hasta las cuestiones más obvias acaban en el cajón del olvido, y es entonces cuando la cuerda que une a un partido político con la gente se va tensando, hasta que se rompe. En Palencia se rompió el año pasado, y dos veces. Nadie asumió ninguna responsabilidad por ello, y se quiso hacer como que nada había pasado. Pero no se caracteriza la izquierda, ni en Parla ni en Palencia, por dejar en paso las ofensas de aquellos que les piden su voto y luego se olvidan hasta dentro de cuatro años. Lo ha pagado el PSOE de Palencia muy caro, pero aquellos que dirigían la nave siguen al timón. Veo estos días un gran crucero semihundido en las costas de Italia. Parece ser que su capitán no hizo lo que debía, y ese fallo provocó el desastre. Como un barco también con gran parte de su estructura bajo el agua, el PSOE palentino trata de no hundirse. El capitán del barco mira para otro lado, y sus lugartenientes parecen ocupados en tareas mejores. En esa situación, han tenido que ser los pasajeros, armados de calderos y lo que encuentran a mano, los que achiquen el agua que entra por las costuras destrozadas tras dos encontronazos con sendas piedras electorales. La política no es una profesión, pero sus profesionales no quieren hacer política. Qué contrasentido. Menos mal que está la gente. Por cierto, ¿Saben dónde está el capitán del crucero siniestrado en estos momentos? Cuándo se gobierna mal una nave, lo mínimo que hay que hacer es reconocerlo y dejarle el timón a otro. De lo contrario, uno puede terminar hundiendo el barco.

3 comentarios en el foro:

Puff dijo...

Cuando un barco se hunde, no hay que pasar el timón a otro sino permanecer en él y morir en él. El capitán es siempre el último en abandonar el barco. Eso fue lo único que aprendí de ver "Titanic" :D

Anónimo dijo...

Así les fue a los del Titanic. Mira lo que pone en El País sobre lo del crucero:... provocó el accidente, huyó como un cobarde… Pero, ¿es él el único culpable? ¿Por qué no funcionó tampoco la cadena de mando? Los responsables de la naviera ya han comparecido para admitir que fue un “error humano” de su capitán. Sin embargo, no contestaron a una pregunta clave: ¿no existe ningún cortafuego entre la bravata ocasional de un capitán...

Anónimo dijo...

"¿Qué hay de lo mío?"
Esa frase pesa como una losa sobre los fariseos que, investidos de socialistas o de una ética de izquierda, propugnan ideología ausentándose de cualquier idea que conduzca a un orden social a esta sociedad tan falta de principios éticos.
Los de la derechona pueden ejercer de fariseos perfectamente, en su adn está tal componente de hipocresía, pero la izquierda personaliza la ética (alguien me saltará con que esto es un concepto religioso y tal).
Desde mi punto de vista, creo que este país necesita una revolución... no, mejor, un derribo de toda la estructura que actualmente nos sustenta para reedificar algo distinto que refleje una idea de sociedad con principios elementales como la sencillez, la ética y la coherencia. Para esto, los que ejercen el fascis, deberán tener claro que la educación del vecino revierte en mi calidad de vida. No como hace la derechona, que está empeñada siempre en hacer distingos sin darse cuenta que las diferencias sociales sólo revierten en el empobrecimiento de la comunidad como entidad.
Estoy convencido de que si mi vecino está educado, formado e imbuido en la idea de conciencia social, esto enriquecerá mi propia vida.
También estoy convencido de que si los ciudadanos de este país se dieran cuenta de que las rentas del trabajo son las que sustentan mayoritariamente la fiscalidad nacional, no se mostrarían tan indolentes ante la política de recortes marcada por eso tan etéreo que llamamos mercados que, curisamente, no se caracterizan por reflejar su fiscalidad.
Nos están llamando gilipollas a la cara, y nuestros políticos, los de la supuesta izquierda, no tienen la cintura -conocimientos creo que sí- suficiente para aglutinar la voluntad del que siempre sostiene la puñetera fiscalidad de las Españas.
No puede seguir siendo sostenible en este año 2012 que el empresariado siga siendo objetor fiscal casi por decreto, por mucho que diga el señor Rossell que ellos son o simbolizan el sector productivo cuando, casi al contrario, suponen el auténtico parásito de la deuda española.
El que quiera discutir esto lo puede hacer, faltaría más, pero los que declaramos por una renta de trabajo ya empezamos a mostrar hartazgo ante la falta de reciprocidad al continuo estrangulamiento y, sobre todo, ante la falta de representantes políticos. Nadie nos defiende con idea, con proyecto y con esperanza. Me piden el voto cada cuatro años, pero siempre gana el que no se presenta; llámese mercados.
Saludos.
Chuchi R.