La misma noche que Julio Villarrubia repartía puestos de la que sería nueva dirección autonómica del partido, 100 años antes, el Titanic se hundía en las gélidas aguas del Atlántico norte. Tanto tuvo que dar a unos y otros Villarrubia para lograr un resultado digno, que la cosa se le fue por encima de los cincuenta. Muy operativo. Como el barco que se hundió, el Partido Socialista es sólo una sombra que se intuye entre la oscuridad del agua que se les vino encima en forma de un resultado electoral desastroso y sin precedentes en la democracia. El Titanic sucumbió al choque con un enorme pedazo de hielo que se le apareció en la noche. El PSOE se fue a pique por la gestión de personas con nombres y apellidos, a plena luz del día. En todos sus niveles, nacional, regional y local, los socialistas y sus votantes saben quienes son los culpables de la catástrofe. Es sencillo. Sólo hay que mirar quienes son los que mandan ahora, y tendrán la respuesta. En este naufragio no hubo víctimas, y los que picaron el casco para que entrase el agua son ahora los que se atribuyen la capacidad de tapar los agujeros y volver a reflotar la nave. De lo que no se dan cuenta estos personajes tan pintorescos como ambiciosos, es que la sociedad les ve no como al majestuoso navío capaz de surcar los mares sin miedo al fracaso. Les miran como al pecio hundido entre tinieblas, rodeado de oscuridad y podrido por el óxido. En Palencia, los Villarrubia, Miriam Andrés y Julio López se reparten los restos del naufragio que ellos mismos provocaron. En Castilla y León el propio Villarrubia ha cogido el timón que ya tienen atado con una cuerda desde Madrid para que no pierda rumbo, y en Madrid... qué decir de Madrid. Miriam Andrés, la que coordinó las dos campañas electorales más desastrosas y con peores resultados para el PSOE palentino, dice ahora que quiere coger los mandos. Que la confianza de los ciudadanos que ella misma perdió, sabe como recuperarla. Tremendo ejercicio de humildad, y alguno diría de inconsciencia. Tras su candidatura se esconde la victoria del despacho de abogados de la calle de Los Soldados. Si tienen tiempo, repasen los distintos nombres que salieron elegidos del Congreso Autonómico en sus diferentes órganos. Se llevarán la sorpresa, como me la llevé yo, de que los cuatro integrantes y socios de ese despacho, los cuatro, se llevaron un puesto, más grande o más pequeño, en ese Congreso que encumbró a Villarrubia. En Palencia, incapaces ya de volver a presentarse alguno de ellos, han dado la batalla para que sea Miriam Andrés, mucho más controlable, antes que Julio López, que hubiese querido volar solo a las primeras de cambio. Con Miriam se garantiza la conexión entre la calles Jacinto Benavente y Los Soldados, como ha sido desde la noche de los tiempos, y seguirá siendo. Todo en su sitio. Mientras, el desencanto general entre muchos militantes y votantes socialistas se multiplica. La desesperación es justificada. Miriam Andrés no tiene ni la experiencia, ni la capacidad, ni la talla política para dirigir el Partido Socialista Obrero Español de Palencia. Sólo la lealtad inquebrantable a la abogacía y la falta de más opciones le colocarán en ese puesto. Sólo queda esperar, para ver si una vez hundido un barco puede rascar en el fondo para llegar más abajo. Miriam Andrés tiene complicado hacerlo peor de lo que ya lo hizo en su anterior responsabilidad, pero si algo ha demostrado es su perseverancia en el error y la soberbia necesaria para no escuchar otra voz que no sea la de su amo, o la propia. Lejos de ser una anécdota, su próxima elección puede suponer un punto de no retorno para el PSOE. Un partido que se ha convertido en una legión de cargos y liberados confiados en que todo es para siempre, mientras el agua ya les llega por la cintura. Sólo tienen una obsesión: cuantos menos sean, seguirá habiendo botes salvavidas para todos.
